Dos tipos de juicios
Texto original: Two Kinds Of Judgement, de Paul Graham
Traducido por: Juan José del Río Holgado
Abril de 2007
Hay dos formas distintas en las que la gente te juzga. Algunas veces juzgarte correctamente es la meta. Pero hay un segundo tipo de juicio mucho más habitual donde no lo es. Tendemos a ver todos los juicios como del primer tipo. Probablemente seríamos más felices si nos diésemos cuenta de cuáles son y cuáles no lo son.
El primer tipo de juicio, el tipo de juicio donde la meta es juzgarte, incluye los juicios en tribunales, las notas en clase, y la mayoría de las competiciones. Dichos juicios pueden por supuesto estar equivocados, pero ya que la meta es juzgarte correctamente, existe de alguna forma un proceso de apelaciones. Si crees que no has sido juzgado correctamente, puedes quejarte diciendo que has sido tratado injustamente.
Casi todos los juicios que hacen los niños son de este tipo, así que desde pequeños nos acostumbramos a pensar que todos los juicios son de este tipo.
Pero de hecho hay un segundo y mucho más grande tipo de juicios donde juzgarte solo representa algo para otro. Eso incluye las admisiones en las universidades [N. del T.: solo las privadas, en España], decisiones sobre inversión y contratación, y por supuesto los juicios en las citas. Este tipo de juicio no es realmente sobre ti.
Ponte en la posición de alguien que selecciona jugadores para un equipo nacional. Supón en aras de la simplicidad que es un juego sin posiciones, y que tienes que seleccionar 20 jugadores. Habrán algunas estrellas que claramente tienen que estar en el equipo, y algunos jugadores que claramente no deberían. El único lugar donde tu juicio marca la diferencia es en los casos que están al límite. Imagínate que te equivocas y desestimas el 20º mejor jugador, haciendo que no entre en el equipo, y su lugar lo ocupa el 21º mejor. Aún así has escogido un buen equipo. Si los jugadores tienen la distribución habitual de habilidades, el 21º mejor jugador será solo un poco peor que el 20º mejor. Probablemente la diferencia entre ellos será menor que el error de medida.
El 20º mejor jugador podría sentir que ha sido juzgado mal. Pero tu meta aquí no era proveer un servicio estimando las habilidades de las personas. Era escoger un equipo, y si la diferencia entre los mejores jugadores 20º y 21º es menor que el error de medida, lo has hecho óptimamente.
Es una falsa analogía incluso usar la palabra injusto para describir este tipo de error de juicio. No está enfocado a producir una estimación correcta de ninguna persona, sino de seleccionar un conjunto óptimo.
Una de las cosas que nos llevan a equivocación en este caso es que el seleccionador parece estar en una posición de poder. Eso le hace parecer como un juez. Si consideras que alguien te juzga como un cliente en vez de como un juez, las espectativas de justicia desaparecen. El autor de una buena novela no se puede quejar de que los lectores sean injustos por prefererir una novela cutre con una cubierta chula. Estúpido quizás, pero no injusto.
Nuestro entrenamiento desde pequeños y nuestro egocentrismo se combinan para hacernos creer que todos los juicios que se hacen sobre nosotros son sobre nuestra persona. De hecho la mayoría no lo son. Este es un raro caso en el que ser menos egocéntrico hará que la gente tenga más confianza. Una vez te das cuenta de qué poco se preocupa la gente en juzgarte con precisión -una vez te des cuenta de que debido a la distribución normal de la mayoría de las encuestas de empleo, importa menos juzgar con precisión en precisamente los casos en que los jucios tienen el mayor efecto- no te tomarás los rechazos tan personalmente.
Y curiosamente, tomarte el rechazo como algo menos personal podría ayudarte a ser rechazado menos a menudo. Si piensas que alguien que va a juzgarte lo hará lo mejor posible, te puedes permitir ser pasivo. Pero mientras más te des cuenta de que la mayoría de los juicios están influenciados en gran medida por factores aleatorios y extraños -que la mayoría de la gente juzgándote son más como el comprador de una novela cutre que un magistrado sabio y perceptivo- más te darás cuenta de que puedes hacer cosas para influenciar el resultado.
Un buen lugar donde aplicar este principio es en las solicitudes de acceso a la universidad [N. del T.: de nuevo solo las privadas, en España]. La mayoría de los estudiantes de instituto que envían solicitudes a las universidades lo hacen con la típica mezcla infantil de inferioridad y egocentrismo: inferioridad porque asumen que los comités de adminisión lo ven todo; egocentrismo en el aspecto en el que asumen que les importan lo suficiente a los comités de admisión como para que rebusquen en su solicitud y encuentren si son buenos o no. Todo esto se combina y hace que los candidatos se vuelvan pasivos y que les duela cuando son rechazados. Si los candidatos para la universidad se diesen cuenta de como de rápidos e impersonales son los procesos de selección, se esforzarían más en venderse a si mismos, y se tomarían el resultado menos personalmente.
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